SOMOS MÁS QUE UN NÚMERO

Los matemáticos y especialistas en estadistas lo saben, todo se puede traducir a un número. Fecha de nacimiento, edad, estatura, peso, años cursados, años de experiencia, cédula de identidad, hijos/as, parejas, animales domésticos a nuestro cuidado, propiedades, ingresos mensuales, egresos mensuales, tamaño de la deuda.

El mundo en que vivimos está organizado a través de los números, a qué hora quedamos en reunirnos, la dirección, el teléfono.  Lo tenemos tan normalizado que no le prestamos demasiada atención.

Pero hay números que nos preocupan, asustan y duelen.  Cuántas personas se contagian diariamente de COVID-19, camas hospitalarias en uso, asaltos diarios, muertes violentas, cuántos femicidios a la fecha hemos contabilizado las organizaciones de mujeres y feministas.

Hasta la publicación de esta reflexión van 94 casos de femicidio en el 2020. El escándalo se apodera de nosotras, en los grupos de WhatsApp corre la indignación, la queja y el dolor.  Vemos horrorizadas como en feriados estos números crecen velozmente. Alzamos nuestra voz en las redes sociales y en los espacios de la sociedad civil organizada.  Todas las semanas exigimos al estado el cumplimiento de la ley de prevención y erradicación de la violencia contra las mujeres y después . . . nada. Solo el silencio de las instituciones públicas y autoridades.

De igual forma podemos inferir la preocupación del estado y los gobiernos locales ante esta problemática.  Cuánto es el presupuesto para la ley de erradicación de la violencia contra las mujeres, cuantos centros de prevención y atención de la violencia existe en el país y en las provincias, cuántas casas de acogida, cuántas sentencias ejecutoriadas para los femicidas, cuántos policías y funcionarios del sistema de justicia se encuentran sensibilizados, cuántas campañas de prevención de la violencia se han implementad en este periodo presidencial.

Los números hablan.  Nos describen la indiferencia estatal, cuáles son sus verdaderas prioridades y la verdad es horriblemente dibujada con la sangre de las mujeres, en resumen, simplemente no importamos. 

Se acerca el 25 de noviembre y ya tendremos las repetidas exhortaciones y promesas vacías, pero los números no mienten.

Me quedo con la coloquial y sabia frase de mi madre: “obras son amores y no lindas palabras”. 

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